Es evidente la existencia de distintas corrientes del pensamiento que han aportado ideas, posturas, más aun, planteamientos que confluyen en el hecho educativo como un reto seductor y apremiante de búsquedas de respuestas y caminos abiertos para recorrer. Específicamente, en el campo de la filosofía de la educación destacan pensadores de la talla de Bandura, Ausubel, Dewey, Freire, entre otros.

El Diccionario de Pensamiento Contemporáneo nos introduce al tema del hecho educativo, afirmando que: “por educación entendemos una influencia decididamente intencionada sobre un ser humano en crecimiento (físico y psicológico), con un propósito: formarlo y desarrollarlo como tal” (p. 389). La referida influencia requiere de un educador implicado en su práctica pedagógica, un educador comprometido en promover en el sujeto el desarrollo y la capacidad de funcionar mejor y enfrentar la vida de manera más adecuada.

La educación ha de ser entendida como única alternativa para gestar un individuo libre y capaz de enfrentar desde su interioridad los retos que implica el vivir y ser una persona autónoma e independiente para ejercer plenamente sus capacidades en la toma de decisiones que lo dignifiquen; esta idea es la que intento precisar en este post, haciendo énfasis en la ineludible responsabilidad que tiene el docente como agente clave del acto pedagógico.

De los autores que plantean el papel del docente en la práctica educativa, sólo voy a trabajar con Hansen (2002) quien presenta a los docentes, a los investigadores y a toda persona interesada en la práctica de la enseñanza un punto de vista, a mi parecer útil, para valorar la naturaleza y la importancia de la docencia.

El autor agrupa las concepciones de la enseñanza en dos dimensiones: a) centrada en los medios, y b) centrada en los fines.

Centrada en los medios: desde esta perspectiva se concibe la enseñanza como un trabajo que consiste en unas tareas definidas y evidentes. El docente tiene como rol: a) transmitir conocimientos y habilidades a los alumnos, y b) ejecutar métodos para transmitir los conocimientos. Métodos que no los establece el profesor, sino otras personas que forman parte del sistema educativo.

Centrada en los fines: desde esta perspectiva se concibe la enseñanza como un resultado. El docente tiene como rol: a) enseñar para potenciar el aprendizaje académico, b) ejecutar métodos y actividades, que solo adquieren significado en la medida que sirven al resultado esperado; c) ayudar a los alumnos a desarrollar habilidades, hábitos de trabajo, actitudes colaborativas y flexibles que los conviertan en trabajadores eficaces y de éxito en cualquier ámbito económico; d) formar personas para incorporarse en la sociedad y ser miembros del sistema productivo y económico, e) alentar a los alumnos a desarrollarlo ciudadanía y activismo político, y f) enseñar las asignaturas, pero con el espíritu de servir a las habilidades políticas.

Las dos concepciones referidas plantean la enseñanza en términos de actividad, trabajo, ocupación, profesión y resultado, convierten la enseñanza en una actividad instrumental, en un medio para lograr un fin definido; en mi opinión esto no es más que una estrecha visión de la docencia.

Si bien es cierto que la enseñanza como práctica genera la necesidad de disponer de estrategias y métodos específicos, no se trata de un conjunto de habilidades ocupacionales para cumplir una función social. De tratarse principalmente de un conjunto de habilidades implicaría concebir a los profesores como algo instrumental, como un medio para lograr un fin.

Hay que reconocer que el sistema educativo ha dado preponderancia al pensamiento racional, ignoramos la reflexión, el cuestionamiento, los sentimientos, las emociones, la intuición, la capacidad de soñar, las creencias, los valores y las virtudes. Se privilegia y enfatiza la transmisión de conocimientos, lo cognitivo, en detrimento de los otros aspectos del estudiante como ser. Me atrevo a opinar que en la actualidad persiste este mismo modelo, con escasas excepciones.

Parte de la esencia del hecho educativo está en el corazón de la práctica docente como práctica viva que busca permanentemente el significado de la enseñanza. Si el objetivo es dar cuenta de lo que está ocurriendo dentro de la práctica docente, no se puede buscar el significado fuera de ella.

Por lo tanto, el reto es hacer de la docencia una práctica viva, dinámica, de experiencias y de acontecimientos cuestionables, que permita ayudar a los alumnos para que: a) aprendan a pensar en general, y no de una manera limitada; b) desarrollen su autonomía y confianza, y c) profundicen en el compromiso que tienen con el mundo en el que viven, en vez de convertirlo en algo superficial. Le corresponde al docente la atención intelectual y moral del alumno.

La atención intelectual supone centrarse en lo que los alumnos saben, sienten y piensan sobre la asignatura, y observar cómo adquieren conocimientos sobre el mundo y cómo construyen su idea de continuar aprendiendo sobre él. La atención moral significa estar alerta a las respuestas de los alumnos en relación con las oportunidades de crecer como persona, hacer consciente al alumno de que es un ser humano único e irrepetible que enmarca una serie de predisposiciones, capacidades, conocimientos y perspectivas particulares y en desarrollo. Es decir, la docencia conlleva una relación moral, no sólo académica, entre profesor y alumno, de modo que genere una oportunidad de construir experiencias significativas para los dos.

En síntesis, pensar al docente como agente esencial del hecho educativo exige valorar ¿quién es él en relación con los alumnos?, y yo lo planteo como un humano dinámico que se halla en la esencia de la enseñanza y el aprendizaje permanente. Un humano comprometido que responde de manera imaginativa a los principios morales e intelectuales que son inherentes a la práctica educativa. Un humano que se da la oportunidad de equivocarse en su práctica educativa y asume los retos que supone enseñar bien y con metodologías adecuadas. Un humano que no teme a equivocarse y asume desde su interior y desde la formación teórica – metodológica los acontecimientos pedagógicos que ocurren en el aula y en los espacios donde enseña. Un humano ciudadano que desde su consciencia sabe qué enseñar, sabe qué es bueno y qué es malo. Un humano que, sin importar la disciplina que enseña, enseña valores y ciudadanía desde su ejemplo.

Un saludo.

 

Referencias básicas para este post:

-Diccionario de Pensamiento Contemporáneo (1997). Moreno Villa, M. (Dir.). Madrid: San Pablo.

-Hansen, D. T. (2002). Explorando el corazón moral de la enseñanza. Barcelona: Idea Books.